miércoles, 7 de enero de 2015

Más allá de Los Lagos

¡Hola a todos!

Primero de todo, aprovecho para desearos un feliz 2015 a tod@s mis lector@s :)

Hace mucho que no hay movimiento en el blog, pero hoy os traigo una noticia que espero que os alegre. ¡Habrá una nueva entrega de "La Saga de Los Lagos"! No ha sido fácil decidirme, tenía la idea rondándome pero muchos sabéis que estoy inmersa en una nueva serie a la que aún le faltan dos libros por publicar. Sin embargo, esta saga me ha dado muchas alegrías, todavía hay lectores que se animan a abrir sus páginas y que se enamoran de sus personajes, que me dicen con sus mensajes lo mucho que les ha gustado la historia y que se quedan con ganas de más. Yo también me quedé con una espinita porque hay personajes a los que les quedaron cosas por decir, de los que podemos saber aún más, y ¿quién soy yo para impedirles contar su historia?

Así que hoy os presento el que sería el inicio de esta nueva entrega, en bruto, eso sí, pero este será el rumbo que tomará. Solo os adelanto que habrá mucho de Agatha y Jordan. Sabéis que los personajes de esta saga siempre han tenido su importancia, su papel más o menos decisivo, pero, en esta ocasión, esta pareja destacará. ¿Por qué? Pues porque, según vosotras, os encantan, igual que a mí, y para el rumbo que va a tomar la trama, ellos son los más adecuados. Muchas me habéis dicho en más de una ocasión que lo que le sucedió a Gabrielle con Sybill habría sido completamente distinto si en lugar de ella hubiese sido Agatha... Pues, por ese mismo motivo, para esta trama necesito a un guerrero como Jordan y una mujer con arrojo como Agatha...

Y hasta ahí puedo leer ;). Sin enrollarme más, aquí os dejo el que será el prefacio en el que aparecen viejos conocidos (sin duda los recordaréis si habéis leído toda la saga) y algún personaje nuevo que dejará huella.

Un beso a todos y ojalá me dejeis vuestros comentarios diciéndome qué os parece. La trama ya está decidida y la novela en proceso de escritura, pero me encantaría saber si es buena idea la de ofreceros una entrega más de esta saga. ¡¡¡Hasta pronto!!!


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Prefacio

 

Se sentía como un león enjaulado entre aquellas cuatro paredes; las viviendas de sus criados eran más grandes que aquella Casa Señorial. Aunque, pensándolo bien, el sitio era lo de menos. Estaba ansioso, impaciente, se sentía a punto de perder el control, y jamás se había permitido hacerlo. Pero llevaba casi treinta años esperando a tener una oportunidad como esa.
Tampoco le gustaba aquel clima, era mucho más seco que el de su imperio, al otro lado del Mar Istook, y las contadas ocasiones en las que cruzó aquel mar, nunca resultaron experiencias satisfactorias, especialmente una de ellas.

Era incomprensible que, aun después de tantos años, aquella inquina siguiera fresca y ponzoñosa, aunque debía reconocer que se había mantenido durante mucho tiempo aletargada. Levantar un gran imperio no era tarea fácil y decidió emplear todas sus energías, invertir todos sus esfuerzos, sin desviarse del camino que lo cubriría de poder. Recibió el testigo de manos de su padre al morir, quien dispuso unos buenos cimientos para expandir sus dominios, y él concluyó su obra, aunque no obtuvo toda la recompensa que esperaba, que creía merecer.

Mientras su padre aún vivía, le acicateó para que cruzara hacia el norte aquel mar inmenso como el infinito para que conociera aquellas lejanas tierras al otro lado; si quería gobernar, dominar el imperio, debía saber cuál era la magnitud del mundo, su objetivo final.

Se encaprichó de ella en cuanto la vio. Le llamó la atención aquella tierra salpicada de lagos, como si centenares de estrellas hubieran caído en una noche de luna y el sol las hubiera derretido al amanecer. Aunque la estrella más bella de todas, era ella: Gladys.

Siendo un príncipe extranjero, su padre no dudó en darle hospedaje y que él aprovechó para hacer un alto en el camino y tratar de conquistar a aquella perla a la que deseó desde el primer instante en que sus ojos se posaron en ella. Le era tan fácil imaginar aquel largo cabello color miel caer sobre él mientras abrazaba su cuerpo desnudo… Y su belleza era salvaje, exudaba sensualidad con cada paso que daba, pero era tan inocente que ni cuenta se daba de ello. Él habría dado todo su imperio con tal de mostrarle la mujer que se escondía bajo su piel, descubrirla, gozarla…

Vino a saber que estaba comprometida en matrimonio con el Príncipe Trystan de Meissen, un hombre estúpido que prefirió alejarse de ella para adentrarse en los misterios de las artes curativas, en vez de desposarla y meterla en su cama en cuanto hubiera tenido la oportunidad.

Maldito Rey Sanador. Maldito el amor que Gladys le profesaba. Jamás pudo tentarla, jamás le permitió acercársele lo suficiente como para poder percibir el aroma de su piel. Y maldito su padre por no ser lo suficientemente ambicioso como para taparle la boca a su irreverente hija, de un bofetón si era necesario, y aceptar el dinero y las joyas, la alianza que él le ofrecía si se la entregaba.

Amenazó con escapar en caso de que su padre aceptara, con despeñar su cuerpo en la Forca de Deati, allí, en el mismo corazón de Meissen, para que su alma estuviera siempre cerca de Trystan. Las esmeraldas de sus ojos crepitaban de odio hacia él, mas de pasión por defender su amor por ese mequetrefe… Cuánto habría deseado ser él quien inspirara esa pasión… y, en cambio, casi provocó su muerte. Viendo que su padre vacilaba, sintiéndose acorralada, se acercó a él y le arrancó del cincho su preciosa daga de oro y diamantes.

Se pasó las manos por su oscuro cabello mientras el recuerdo se instalaba en su mente, la imagen de la afilada hoja sobre la clara piel que cubría las venas de su muñeca. Y lo habría hecho. En sus ojos pudo ver con claridad que hubiera abierto sus venas para dejar que la sangre fluyera hasta haber derramado con ella toda su vida.

Bajó la vista y contempló la empuñadura de aquella misma daga que aún colgaba de su cincho. A pesar de los años, seguía siendo igual de bella y de mortífera, un arma latente que aguardaba por aquel pecho en el que se debería hundir de forma letal: el de Trystan.

Y entonces sería suya, tal y como debería haber sido. Debería ser la dueña de un imperio, no de aquel mísero reino. Sabía que tenía un hijo y una nieta de poco más de un año… Apretó los puños; él debería ser el padre de ese hijo, el abuelo de esa niña… maldición.

Pudo averiguar que pasaba largas temporadas en Los Lagos; imaginaba que a Gladys le traería buenos recuerdos volver al lugar donde creció. Su sobrino, Nicholas, también contrajo matrimonio, con la Princesa de Asbath, y ya tenían su príncipe heredero aunque, lo más insólito de todo fue saber que el antiguo Capitán de la Guardia de aquel reino vecino no sólo había contraído nupcias con su sobrina Agatha y engendrado una hija, sino que gobernaba Asbath en nombre de Nicholas.

¿Qué demonios sucedía en aquellas tierras? El mar parecía el límite entre la sensatez y la demencia… Aquel lugar necesitaba una purga urgentemente, decidió. Mezclándose nobleza con plebeyos, rompiendo los cánones y emparentando con populacho de baja alcurnia…

Maldita sea, ¿y cuánto tiempo más debía esperar? ¿Es que esa gente no sabía que no en vano lo conocían como el Rey Tirano? Por suerte, él iba a permanecer en aquellas tierras muy poco tiempo. Su plan ya estaba en marcha, y desde lo alto de su palacio, vería a Trystan arrastrarse hasta él, humillarse ante él si no deseaba perder todo lo que amaba.

De pronto, escuchó pasos que se acercaban, así que corrió a sentarse en la butaca, sin querer mostrar ningún tipo de impaciencia, sino indiferencia. Aquella gente no sabía con quién estaba tratando, pero pronto lo harían.

―Su Majestad Imperial ―hizo la criada una profunda reverencia―, los Señores ya están reunidos en el Gran Salón.

La miró de arriba abajo. Era bonita, de atractivas curvas, pero no le servía ni como aperitivo. Lástima, le habría gustado desfogar la ira. La doncella se tensó, seguramente había visto en sus facciones las de un depredador que estaba a punto de abalanzarse sobre ella, y él rio divertido. Tal vez en otra ocasión. Se puso de pie y la criada dio un respingo, pero él le hizo un gesto con la mano para indicarle que lo condujese hacia el salón.

Todos aquellos Señores eran las manzanas podridas de Asbath, Meissen y Los Lagos, y parecían niños de pañales enrabietados porque sus soberanos les estaban dando donde más les dolía: en sus arcas. A él, todo eso le traía sin cuidado, pero necesitaba de esas manzanas dentro el cesto, las más dañinas, las que podrían pudrir todas las demás, y de las que él se podría servir para sus propios fines.

Cuando entró a aquella sala casi se le escapa una carcajada… ¿aquel cuchitril era el Gran Salón? Pero fue agradable que todos le rindieran pleitesía.

―Lord Durstan ―pronunció declarando con el desdén de su voz su gran malestar―. Temo que estoy perdiendo demasiado tiempo aquí. ¿Los términos de nuestro acuerdo van a ser siempre tan volubles?

―Por supuesto que no, Majestad Imperial ―respondió temeroso―. Pronto pasaréis a ser el dueño y soberano de estas tierras y, como súbditos vuestros que deseamos ser, nos rendimos a vos.

―Pero ¿estáis seguro de que deseáis proceder de esa forma? ―intervino otro Señor―. Deberíamos atacar directamente al Rey Nicholas, y no al Rey Trystan que no es tan poderoso…

De su boca ya no se escuchó su voz, sino el gorgoteo de la sangre que subía por su garganta, mientras una hermosa daga de brillantes se hundía en su corazón.

―¿Alguien más osa poner en duda mi proceder? ―El soberano los miró a todos con infinito desprecio―. No solo Meissen será mío, también Asbath y Los Lagos caerán a mis pies. Pero yo diré cómo y cuándo…

Ethel apenas podía moverse, aunque logró escabullirse de aquel salón. Se llevó la mano al pecho y trató de controlar la respiración. Lo había matado. Sin apenas pestañear, asesinó a uno de los Señores de Meissen. Y no iba a detenerse ahí, iba a someter a los tres reinos y dominarlos. ¿De dónde había salido ese rey sádico?

Tratando de aparentar normalidad, se secó el sudor frío que perlaba su frente con la manga de la blusa y se recompuso las ropas, incluso carraspeó para romper el nudo que se le formaba en la garganta, poniendo rumbo a una de las salidas de la servidumbre.

Se cruzó con un par de compañeras que le preguntaban adónde se dirigía con tanta premura, sobre todo en horas de trabajo y con una visita tan importante en el feudo, pero ella se limitaba a sonreír y a asegurarles que volvería rápidamente. En cuanto se alejó del señorío, echó a correr y, a pesar de que parecía que las entrañas le iban a estallar del esfuerzo, no se detuvo hasta que no llegó a casa de su prima, donde vivía desde que la echasen del castillo de Los Lagos por culpa de Sybill hacía casi dos años.

―¡Sabeline! ―gritó en cuanto abrió la puerta―. ¡Sabeline!

―¿Qué pasa? ―Se asomó su prima desde la cocina―. ¿Qué te ha sucedido? ―Se secó las manos rápidamente con un paño y fue hacia ella.

Ethel se sentó en la primera silla que encontró. Tenía la respiración entrecortada, le dolían los pulmones, tanto si tomaba aire como si lo soltaba, y tenía la garganta seca pero en llamas.

―Ethel…

Ella levantó una mano pidiéndole que aguardara, así que Sabeline aprovechó para traerle un vaso de agua y que Ethel aceptó de buena gana.

―Tengo que ir al castillo ―dijo de repente y, a pesar de esa afirmación tan escueta, su prima sabía a qué se refería.

―¿Qué? ―espetó Sabeline, cogiendo una silla y sentándose cerca de ella―. No puedes volver allí ―la reprendió―. No puedes haber olvidado cómo te echaron de aquel castillo y el porqué.

―Era una niña estúpida ―se defendió ella―. Sybill parecía tan versada en ciertos temas, y yo… ―Bajó la vista, avergonzada―. Ya han pasado dos años de eso.

―¿Y te parece suficiente tiempo como para que…?

―Debo advertirles del peligro que corren ―exclamó sin permitirle terminar.

―¿De qué peligro hablas? ―preguntó escéptica.

―Mortghar, el Rey Tirano ―Tomó aire para continuar―, quiere invadir Meissen, Asbath y Los Lagos.

―¿Es que te ha dado una insolación para soltar tal cantidad de sandeces?

―¡Lo acabo de ver asesinar a uno de los Señores venidos desde Meissen! ―casi gritó mientras se le nublaba la vista del estupor que le producía el solo recuerdo, aquella imagen―. Simplemente porque no le ha complacido su sugerencia.

Sabeline se levantó, retorciendo su delantal entre sus manos, y mirando con espanto a su prima.

―John irá al castillo ―decidió―. Cuando acudimos en busca de su clemencia fueron benevolentes y comprensivos con nosotros.

―¡No! ―sentenció Ethel en cambio―. No fui lo bastante valiente para pedirles perdón ―murmuró al tiempo que las lágrimas comenzaban a escurrirse por sus mejillas―. Tal vez no me lo habrían concedido entonces, y puede que tampoco lo hagan ahora, pero necesito serles de utilidad, aunque sea una última vez.

―¿Cuándo partirás? ―preguntó resignada.

―Ahora mismo. Y que los Dioses me permitan llegar a tiempo.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Lanzamiento de Sizigia

¡Hola a todos!

Dentro de unas horas comenzará el II Gran Torneo de Los Lagos en el grupo de facebook y ya está todo preparado. Y qué mejor forma de celebrarlo que anunciando que el próximo domingo, día 21, sale a la venta "Sizigia", el tan esperado desenlace de la Saga de Los Lagos.

¿Qué os parece la portada? Os presento al Rey Nicholas ;-)





Recordad que en la pestaña llamada "Sizigia" podéis encontrar el booktrailer y también los primeros capítulos de esta emocionante novela. ¡Espero que os guste a todos! Ah! y ya podréis disfrutar del playlist sin miedo a spoilers ;.)

Ya la podéis adquirir en preventa en amazon. Éste es el link genérico que debería redirigiros a vuestro mercado correspondiente, dependiendo de vuestro pais de residencia.

Comprar Sizigia

Espero vuestros comentarios tanto aquí como en amazon.

Gracias por seguirme. ¡¡Besos!!


 


lunes, 8 de septiembre de 2014

II Gran Torneo de Los Lagos

¡Hola a todos!

Para celebrar que dentro de muy poquito saldrá a la venta "Sizigia", se va a celebrar la segunda edición del Gran Torneo de Los Lagos.


Al igual que la vez anterior, el torneo se realizará en el grupo de facebook de la Saga de Los Lagos LINK y no tenéis más que uniros al grupo. El torneo es para que nos lo pasemos bien, así que no hace falta que hayáis leído la saga para optar a algún premio.
Los premios constarán de marcapáginas en papel de las 3 novelas, unos llaveros muy chulos también de las tres novelas y la edición digital de "Sizigia" dedicada y autografiada.



En el grupo de la saga ya están publicadas las bases y requisitos para participar. El torneo empieza el día 15, así que hay una semana entera para apuntarse y enterarse de todo a la perfección. Me podéis mandar un privi a mí, o dejar las dudas en el grupo, todas las chicas son fantásticas y alguna de las que ya participó en el torneo anterior seguro que os podrá ayudar.

Habrá pruebas individuales y una grupal, no tenéis por qué participar en todo, pero os aseguro que no es estar las 24 horas del día en el grupo y que la diversión está garantizada.

Os espero a todos en el grupo y participando en todas las pruebas, ¡cuantos más seamos mejor!

¡Besos para todos y gracias por visitarme! Y si queréis seguir el blog o dejarme un comentario... ¡adelante! jeje


viernes, 15 de agosto de 2014

Novedades en el blog - Sizigia

Hola a tod@s!!

Hago una entrada cortita para avisaros de que hay algunas novedades en el blog.

La primera es que Sizigia ya tiene su propia pestaña!!! Como sabéis, aún no tengo la portada, pero podéis ver el booktrailer, leer la sinopsis y un par de capítulos.

Además, ya tenéis en el playlist todas las canciones. Desde la número 21 son las que corresponden a Sizigia. Tal vez los títulos os "spoileen" (os adelanten cosas), así que lo dejo a vuestra elección. Sigo manteniendo que mis gustos "musicales" son un tanto eclécticos jeje pero espero que os animéis a escuchar los temas y ojalá que os gusten!

En la parte superior, al final del reproductor, tenéis un cuadradito con 4 líneas. Si lo pulsáis, se desplegará el playlist y podéis elegir qué escuchar.

También he cambiado la página de los "lyrics", añadiendo las letras de las canciones de Sizigia.

Y eso sería todo. En los próximos días haré otra entrada explicándoos "¿Qué es ARI?" pero ya os adelanto que tenemos un blog super chulo y que tiene una sección llamada "Viernes literario" y que estrené yo con uno de mis relatos cortos. Espero que os guste.
  LINK Relato Juani Hernández en blog ARI - Corazón de muñeca

Espero que os gusten los cambios. Hasta pronto! Y gracias por vuestras visitas y comentarios!

domingo, 13 de julio de 2014

Gran Torneo de Los Lagos y Sorteo en "Locas del romance"

Gran Torneo de Los Lagos y Sorteo en "Locas del romance"

¡Buenos días a tod@s!

Hoy os traigo un par de cositas.

La primera... ¡El Primer Gran Torneo de Los Lagos está que arde!



Estamos en la etapa de elección de Reino para "defender" sus colores en la prueba grupal y está siendo todo un éxito, pero es que ¡sólo tenéis que ver en la foto de arriba todos los premios que podéis conseguir en el torneo!

Acordáos de que las bases del Torneo y algunas de las pruebas se realizan en el grupo de facebook de la saga





Grupo de facebook de La Saga de Los Lagos


Y por otra parte, quería anunciaros que hay un SUPER SORTEO en el blog de "Locas del romance"
Donde no solo podréis ganar uno de mis libros... ¡hay nada más y nada menos que 10 lotes distintos! ¡Es un sorteo que no podéis dejar escapar! Y lo requisitos son mínimos!
Este es el link:

 Os animo a tod@s a participar, tanto en el Torneo como en el sorteo del blog. ¡Mucha suerte!

Feliz domingo y muchos besos




martes, 8 de julio de 2014

Gran Torneo de Los Lagos y reflexiones varias

Gran Torneo de Los Lagos y reflexiones varias

Hola a tod@s!

Como ya sabéis... ¡¡Se acerca Sizigia!!
Y para hacer más amena la espera, se va a organizar un Torneo en el grupo de facebook de la saga.


Está previsto que comience el día 14 de julio, o sea, el próximo lunes, y debéis estar muy atent@s porque no va a ser un simple sorteo. A lo largo de la semana, explicaré las normas y las distintas pruebas, que puedo ir añadiendo a lo de lo que es el torneo pues será de varios días, tal vez una semana, o dos jeje no lo sé cierto porque tengo que "perfilar" las pruebas a realizar.
Pero os adelanto que habrá un poquito de todo, desde trivias, a selfies, montajes con esloganes, compartir "cosas"... Todo el mundo podrá participar, aunque es cierto que, por ejemplo, las trivias, pues tendrán más ventaja quienes hayan leido los libros... pero tranquil@s, que ya digo que habrá pruebas que pueda hacer todo el mundo, y el sistema será, prueba realizada, numerito para realizar el sorteo final. Porque al final sí será un sorteo y cuantas más participaciones, más números y más posibilidades. ¡Y no digáis que no son golosos los premios!
Como ya digo, iré informando a lo largo de la semana.

Y bueno, ahora pasemos a un tema no tan divertido, a una pequeña reflexión por lo que, querid@ lector, si crees que no te va a interesar, pues basta con que dejes de leer ;)

El tema es el siguiente...
En el tiempo que estoy navegando por este mundo de la escritura, que para algunos puede ser mucho y para otros poco, me he encontrado de todo. Desde autores que te "exigen" apoyo pero luego a ti te ignoran, otros que te censuran o te bloquean porque no opinas como ellos, que te miran por encima del hombro porque sus novelas están en mejor puesto en la lista de ventas, juicios porque no me dejo arrastrar por la corriente y quiero ser fiel a mi forma de hacer las cosas, a "compañeras" (y lo pongo entre comillas porque ni son compañeras ni nada de nada) que dedican el tiempo libre a piratearte y compartir tu libro por ahí, gente en la que confiabas y te deja en la estacada, a bloguer@s que te exigen libros en papel o "un módico precio" para que te hagan una reseña, otros que te piden el libro por pedir porque el único interés que tienen es "acumular libros" a lo síndrome de Diógenes, y no porque realmente quieran leerte, porque ciertamente no lo hacen... (para eso devuélveme mi libro, por favor) y un largo etcétera...

Tal vez me ven cara de tonta, tal vez creen que necesito sus migajas para seguir adelante, o que se pueden reir en mi cara... que hagan y piensen lo que quieran... Alguien me dijo que en este mundo hay que tener mucha mano izquierda, diplomacia a la hora de decir las cosas, que no hay que hacerse enemigos... Pues llamadme irreverente, rebelde, osada... pero como bien dice un compañero autor, Diego Vidal, prefiero odios verdaderos antes que amores falsos. Mi corazón y mis brazos son lo suficientemente amplios para recibir a todo el que se me quiera acercar, pero si vas a tomar mi TRABAJO como un chiste, si no te lo vas a tomar en serio, si vas a juzgarme sin preguntarme primero, si esperas que te dore la pildora para que te sientas más realizado, ya puedes irte por donde has venido.

Porque yo me tomo muy en serio lo que hago, y trato día a día de esforzarme para que mis lectores estén satisfechos, que no sientan que han perdido el tiempo leyéndome, transmitirles sentimientos y emociones, llegar a ellos... y me responden, con un "megusta", un comentario en amazon, en mi grupo, por privado, con un "buenos días, sigue adelante", emocionándome hasta el infinito y más allá, porque son mi tesoro personal... Y tal vez no tenga lectores a mansalva como "otr@s", pero los tengo, y a ellos me debo. Y ni pienso tener mano izquierda, ni diplomacia, pues una cosa soy yo y otra cosa mis novelas. Y a mí me podrás juzgar si te da la gana, pero mi trabajo júzgalo habiéndolo leído antes, y con bases, no como un reproche o un castigo por no seguirte la corriente.

Yo siempre trato de ayudar, de colaborar, muchos pueden decirlo, y lo hago de corazón cuando es gente que lo merece, y porque sé que van a estar ahí cuando los necesite... es un quid pro quo "consentido", una especie de acuerdo tácito, y es fantástico saber que puedes contar con ellos, pero estoy cansada de dar y dar, y ya no es que no reciba nada, sino que recibo una carcajada burlona a cambio.

Y lanzo esta conclusión al aire, sin destinatario concreto, aunque más de uno se dará por aludid@... así que háztelo mirar.

Tal vez te vuelvas a aprovechar de mí, pero no será porque sea una ingenua, sino para que quede de manifiesto la clase de persona que eres.

Ésta soy yo, Juani Hernández, puede que os guste, puede que no. Pero respétame que yo te respetaré a ti, y tan amigos ;)

Besos a tod@s <3 y hasta la próxima! ¡¡Y atentos al Gran Torneo de Los Lagos!!

viernes, 4 de julio de 2014

DIA DE ESTRENO - 1º Capítulo de Sizigia

DIA DE ESTRENO - 1º Capítulo de Sizigia

¡Que lo disfrutéis!
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CAPITULO 1


Jordan y Erick se reunieron aquella mañana en el Torreón Sur, tal y como hacían desde que Nicholas desapareció. La primera tarea que abordaban era la de organizar las partidas de hombres y las zonas de búsqueda, no podían dejar ni un palmo de aquel vasto territorio sin revisar, cada recodo del camino, cada cueva, cada lago… Gabrielle no lo sabía, pero habían encomendado a algunos guardias la cruda tarea de buscar el cuerpo sin vida del rey en las aguas de los innumerables lagos del reino. Que Nicholas hubiera muerto era una posibilidad que tenían que aceptar, sobre todo con el paso de los días, por lo que al inicio de cada jornada despedían a los hombres con el corazón en un puño, manteniéndose a la espera de noticias que nunca llegaban.
Ya era el cuarto día que observaban, desde el gran ventanal del torreón, a los hombres desfilar por la vía principal hasta atravesar la gran muralla y reemprender la búsqueda.
―¿Dónde demonios estará? ―murmuró Erick por lo bajo, descorazonado―. No puedo quitarme de la cabeza la imagen de Nicholas, tirado en una cuneta, inconsciente o peor… muerto.
―No lo digas, Erick ―rezongó Jordan a su lado―. No hace falta clamar a Deati su presencia. La Señora de la Muerte ya lleva a cabo su infame labor sin necesidad de acicatearla con nuestro pesimismo.
―Pero es que los hombres ya no saben dónde buscar, Jordan.
Erick se giró apoyándose en el alféizar y cruzándose de brazos.
―Si hoy no tenemos noticias suyas, mandaré una partida de hombres a Asbath para que comience allí la batida.
―¿Crees que haya podido llegar tan lejos, a pie? ―preguntó incrédulo, mirándolo sorprendido.
―No lo sé. ―Resopló, atormentado por la duda―. Y llámalo corazonada o simple preocupación, pero tengo un mal presentimiento que se me anuda aquí. ―Se restregó el centro del pecho con la palma de la mano, en un gesto brusco, desesperado.
―¿Sobre qué? ―preguntó Erick con cautela.
―¿Y si no fue un accidente?
Erick se irguió y dejó caer los brazos mientras apretaba los puños contra los costados de los muslos.
―Son sólo conjeturas. ―Jordan se apresuró a decir al ver su repentino cambio de actitud―. Y yo soy desconfiado por naturaleza. No es más que una sensación.
―Pues yo he aprendido que no debemos pasar por alto esas sensaciones tuyas ―apuntó con gravedad, y Jordan asintió con cierto pesar porque no le faltaba razón―. Si al atardecer no tenemos noticias de Nicholas, habrá que considerarlo.
―De acuerdo ―concordó Jordan―. Pero queda todo un día por delante, así que, por ahora, ocupémonos del resto de asuntos.



Para Moira el tiempo parecía haberse detenido en esa cochambrosa cabaña, aquello sí que era una sorpresa… y tuvo que reprimir el gozo que la situación le producía. No porque fuera a cambiar sus planes, confiaba en que todo saliese según lo había planificado, pero cualquier sufrimiento de Nicholas era regocijo para ella, y seguro lo sería también para Hrodgar cuando tuviese conocimiento de ello a través del cuervo que le enviaría en cuanto consolara a aquel pobre hombre desvalido y sin memoria en que se había convertido el Rey Nicholas.
―Por piedad, señora ―le insistió él con justificada inquietud.
Entonces, Moira tomó una silla y se sentó al lado del camastro donde él reposaba, adoptando su bien estudiada pose antes de hablar.
―Primero de todo, tranquilizaos ―le pidió con voz reconfortante―. Habéis estado cuatro días inconsciente y estáis muy débil.
―¿Cuatro días? ―preguntó confundido, mientras se llevaba la mano al intenso dolor que pulsaba en su cabeza.
―Cuidado ―le advirtió ella, tratando de que no se tocase la venda que le cubría la herida, aunque no lo consiguió, y Nicholas cerró los ojos al sentir que una fuerte punzada lo traspasaba como un rayo fulminante.
Cuando los volvió a abrir, Moira vio cómo le lanzaba un ruego con la mirada… ¡Demonios, aquello era tan gratificante…!
―Sois el Rey Nicholas de los Lagos y Asbath, Majestad ―le dijo por fin, y Nicholas palideció más aún de lo que su débil estado le provocaba.
―¿Rey?
Su expresión se endureció al igual que su tono de voz, incluso su porte parecía haber cambiado. Era como si, aun sin recordar quién era, su espíritu de rey se hiciese presente. Moira tuvo que reconocer que se sintió un tanto cohibida ante tamaña transformación, pues había pasado de ser un hombre desamparado, al soberano que era, exudando nobleza y solemnidad.
―¿Y por qué estoy aquí? ¿Qué ha pasado? ―preguntó ahora con seriedad, incorporándose ligeramente, con sumo cuidado.
―No lo sé, Majestad ―respondió con gesto inocente―. Os encontré inconsciente a orillas de un lago, cerca de aquí. Sangrabais profusamente por la herida de la cabeza, y vuestro castillo está tan alejado que mi primer impulso fue traeros a mi cabaña y atenderos, confiando en que pronto despertaríais. Y, sin embargo…
―Han pasado cuatro días ―susurró consciente de lo que aquello suponía―. ¿Y nadie ha venido en mi busca? ―La miró receloso.
―Esta cabaña es difícil de localizar tan interna en el bosque como está ―lamentó―. Y no quería dejaros solo en vuestro estado, indefenso frente al posible ataque de algún animal o, peor aún, algún saqueador. Y gracias a los Dioses que no lo hice, pues habríais podido despertar en la soledad de esta cabaña y sumido en la confusión al no recordar nada de vuestro pasado. Porque, no recordáis nada, ¿verdad? ―tanteó, insegura, expectante.
―Me temo que no. ―Se palpó cuidadosamente las sienes―. ¿Cómo te llamas?
―Mi nombre es Moira, Majestad.
―Moira, te estoy infinitamente agradecido por haberme salvado la vida ―le concedió finalmente―, pero habrá alguien buscándome… ―titubeó―, imagino que tendré familia ―dijo a modo de pregunta.
Aquella mujer de aspecto humilde era su único nexo con la realidad en esos momentos y cualquier información que pudiera darle era muy valiosa.
―Estáis casado con la Reina Gabrielle ―le respondió ella con una lánguida sonrisa.
―Ca… casado.
Por insólito que pareciera, aquello fue lo que más le conmocionó, más que saberse herido y perdido en una recóndita cabaña en el bosque, o soberano de no uno, sino de dos reinos desconocidos para él.
Lo que realmente le hizo estremecerse de pies a cabeza fue saber que tenía una esposa, y esa sacudida se vio avivada por la imagen de una mujer que se filtró en sus más que confusos pensamientos: aquella joven de ojos grises, piel clara y cabello oscuro como la noche que había visto en sus sueños. Volvía a recordarla ahora, su llanto, rogando porque su amor regresara a ella… Tal vez esa mujer no fuera su esposa, pero alguien lo era y bien podría compartir el mismo sufrimiento que aquella deidad de sus sueños.
―Debo regresar ―anunció de forma repentina.
―Pero, Majestad, estáis demasiado débil ―le rebatió ella con toda la amabilidad que le fue posible reunir.
―No te preocupes.
Hizo ademán de levantarse, pero le fallaron las piernas, exagerando ella su intento de ayuda.
―¿Lo veis? ―recalcó, tratando de no sonar brusca―. Apenas he sido capaz de daros algo de caldo estos días ―añadió, sosegando aún más el tono.
No contaba con tanta obstinación. El paso siguiente en el plan era, ahora que había despertado, que ella saliese de la cabaña en busca de ayuda, de Douglas en realidad, quien se encargaría de dar aviso al castillo mientras ella se volcaba en él, en cuidarlo para ganarse su confianza y agradecimiento, lo que sin duda serviría para sus planes. Pero así…
―¿Cómo me trajiste hasta aquí? ―preguntó él entonces astutamente.
―Cuento con una pequeña carreta ―respondió ella, maldiciendo para sus adentros.
―Bastará con que me ayudes a llegar hasta ella ―la instó, deseando salir de ese lugar.
―Majestad…
―Te lo ruego ―exhortó con ardor.
Moira supo que ese necio era capaz de arrastrarse con tal de llegar a la carreta. No estaría mal que así fuera, pensó con divertimento, pero debería renunciar a ese placer.
―Tratad de comer algo primero, mientras que yo proveo la carreta de paja y unas mantas.

Con la caída de ese otro día de búsqueda infructuosa, Francis sentía que le dolía cada uno de los huesos de su cuerpo, y el trote del caballo hacía que se le resintieran aún más.
Se había empeñado en realizar el viaje desde Adamón sin detenerse hasta Los Lagos, decidido a llegar allí lo más pronto posible. Arribaron justo la noche anterior, y antes de que llegase el momento de unirse a la búsqueda del rey al amanecer, consiguió dormir unas pocas horas que no le otorgaron descanso alguno.
No había podido dejar de pensar en Anyan desde que se separaron… todo le recordaba a ella. El verdor de los bosques le traía las esmeraldas de sus ojos y los rayos del sol eran los reflejos dorados de sus cabellos. De noche, el brillo de las estrellas eran las lágrimas que Anyan había derramado por él… y las que él había derramado por ella.
El dolor que sentía oprimiéndole el pecho era mucho peor que el de sus huesos machacados. Le doblegaba el espíritu, el alma, y temía no volver a ser el hombre que creyó haber sido hasta que conoció a Anyan, ese hombre que se resquebrajó por dentro al verla por última vez, despidiéndolo desde aquella almena. Aún conservaba su broche con él, engarzado en la parte interior de su brigantina, cerca de su corazón, y había decidido que así sería hasta que se viera con fuerzas suficientes para intentar olvidarla.
Sin embargo, no creía que eso fuera a suceder jamás, como tampoco podría olvidar el perfume de sus cabellos o la suavidad de su piel desnuda contra la suya, el dulce temblor de su cuerpo mientras la amaba o el ardor de sus besos al entregársele. Nunca podría desprenderse de todo aquello, aunque, si era sincero consigo mismo, tampoco quería hacerlo.
Se dirigió con el resto de los hombres a las caballerizas, y ya aguardaba allí para hacerse cargo de su montura uno de los mozos, que lo miró entristecido al suponer que no habían encontrado al rey.
Otro día más sin noticias suyas. Faltaba poco para que cayera la noche, y con ella, la llegada del último grupo que había salido en su busca y que iba dirigido por Nigel. Después de eso, habría que aguardar al día siguiente para continuar y volver a adentrarse en aquellos bosques que habían recorrido una y otra vez sin hallar pista alguna.
―¡Francis! ―Notó repentinamente una mano sobre su hombro que lo obligaba a detenerse.
Un tanto aturdido se giró para encontrarse con Jordan, quien lo observaba con el ceño fruncido.
―Te estoy llamando desde que entraste en los establos.
―No te había visto ―dijo sin prestarle mucha atención, aún perdido en sus pensamientos.
―¿Qué te sucede? ―preguntó extrañado.
―¿Te parece poco lo que sucede? ―respondió con un tono demasiado brusco y del que rápidamente se arrepintió―. Discúlpame. ―Lo miró con culpabilidad―. La impotencia que siento por no poder encontrar al Rey Nicholas… me sobrepasa.
―Lo comprendo. ―Jordan palmeó su hombro―. Y te diría que a todos nos sucede lo mismo, pero me temo que no es el caso.
―No te entiendo. ―Se encogió de hombros con gesto sincero sin saber a qué se refería.
―Sé lo que te preocupa como Capitán de la Guardia de Asbath, pero esperaba que fuese mi amigo el que me contase lo que le sucede.
Francis se tomó un instante mientras sopesaba su respuesta, pero optó por darle la espalda y comenzar a atravesar el Patio de Armas en dirección al castillo.
―Estoy ocupado. ―Dio así la conversación por finalizada―. Debo informarle a la Reina Gabrielle de que…
Jordan dio un par de rápidas zancadas y se puso frente a él, cortándole el paso.
―La reina sabe perfectamente que, de haberlo hallado, ya estaría al tanto.
El joven capitán resopló, cruzándose de brazos, sabiéndose sin escapatoria, y Jordan vio en su postura encorvada y esos brazos apretados contra el pecho un mecanismo inconsciente de defensa.
―Sabes que puedes confiar en mí ―lo acicateó―. Es por aquella mujer de rubios cabellos que pertenecía a la Corte de los Reyes de Häe, ¿verdad?
Jordan observó cómo, finalmente, los brazos de Francis caían laxos a sus costados mientras apoyaba su espalda contra uno de los postes de entrenamiento. Su reserva de hacía un segundo se había transformado en derrota, y Francis sacudió la cabeza gacha varias veces a modo de afirmación.
―¿No te corresponde? ―preguntó Jordan, habiendo comprendido que iba a tener que hurgar para poder sacarle alguna palabra, pero, al parecer, había acertado al lanzar tal suposición, pues vio que reaccionaba y levantaba su rostro hacia él.
―Me tortura precisamente el hecho de que sí lo hace ―respondió con tanta tristeza en su voz que Jordan casi pudo sentir como propio el sufrimiento de su amigo.
―No lo comprendo.
―Ni yo tampoco ―negó, con los ojos llenos de una melancolía infinita―. Hubiera preferido que no me amase ―admitió―, me habría dado un motivo para arrancarla de mi corazón, incluso para odiarla si eso me hubiera ayudado a paliar este dolor que no me deja respirar. Pero ella me ama, Jordan, como ninguna otra mujer me amará jamás.
Su mirada reflejaba el mismo pesar que esa declaración tan sincera que sorprendió a Jordan profundamente.
―Reniego de ti como amigo si no le pediste que viniera contigo ―bromeó, aunque fuese lo menos apropiado, poniéndole una mano en el hombro.
―Claro que lo hice, ¿por quién me tomas? ―Sí que se rió, aunque su risa sonó triste―. Y de hecho la culpabilicé por no amarme al darme su negativa.
―Y entonces, ¿cómo estás tan seguro de que sí te ama? No entiendo…
Francis se limitó a entregarle una mirada llena de significado y que a Jordan le bastó.
―Divino Bhut, Francis… ―exclamó dando un paso atrás.
―Llevo ese amor clavado en las entrañas. ―Apretó los puños con el pesar transformado en rabia, deambulando unos pasos, perdido―. Me entregó su alma y su cuerpo, tomando los míos sin piedad, dejándome incompleto y sin la posibilidad de poder recuperar la parte de mi ser que me arrebató.
Jordan vio cómo los ojos de su amigo se velaban con un brillo acuoso de sufrimiento y desesperación, pero volvió a enfrentarlo, no quería que huyera.
―¿Y qué razón te dio entonces para no querer venir contigo?
―Te la puedo recitar palabra por palabra si quieres.
Y rescató de su mente aquella letanía que se le había quedado grabada como a fuego.
—“Tu amor no puede salvarme de mi destino ―comenzó a recitarle con voz balbuceante―. El precio que estoy pagando por amarte es muy alto, pero acabo de descubrir que no me importará hacerlo por ti. Por eso, nada de lo que hagas o digas hará que abandone este castillo. Nada.”
Tuvo que tomar aire para aliviar el dolor que le producía haberlo dicho en voz alta, mientras Jordan lo observaba perplejo.
―Amigo mío, te ruego que si ves algo de luz en esas palabras, me lo digas sin dilación.
―Algo le impide unirse a ti y cree que lo mejor para los dos es que estéis separados ―le dijo, sorprendido de que realmente no lo comprendiera.
―Eso ya lo sé ―concordó, aunque su voz delataba su desesperación―. Sé que hay algo que la frena y la obliga a alejarse de mí, pero ¿el qué?
―¿Y qué más da? ―Sacudió Jordan las manos con incredulidad―. ¿Qué demonios importa, Francis? Lo que importa es que está equivocada y tú eres el único que puede hacérselo ver. Amigo mío, sólo la Señora de la Muerte tendría el poder de separaros y, aún así, se la puede burlar, y tú has sido testigo de ello.
Francis sabía a lo que se refería. Sería imposible olvidar cómo Nicholas había arrancado a Gabrielle de las garras de Deati, aunque desgraciadamente, ahora…
―¡Jordan! ¡Francis!
Ambos se giraron hacia aquella voz que gritaba sus nombres con insistencia y vieron cómo Bruc corría hacia ellos con el rictus desencajado, sin parar de agitar los brazos y señalando tras de sí.
―¡Es el rey! ¡El rey!